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miércoles, 9 de noviembre de 2011

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jueves, 5 de noviembre de 2009

1.1-Viaje Bilbao-Francfurt-Bangalore-Anekal


Primer día: 21 de Julio de 2.009


Si pinchas en la foto tienes acceso a una colección de fotos de los niños/as de los Hostel




Nuestro primer contacto con la India real fue algo frio. Claro que no podíamos pedir a Patrick y a Baabu, bien entrada la madrugada y después de varias horas de espera, que echaran cohetes para recibir a aquellos dos extraños de quienes sabían poca cosa.
Estábamos en el aeropuerto de Bangalore, día 22 de Julio y nuestra escasa información pasaba por que alguien vendría a buscarnos y acompañarnos hasta Anekal, unos 60 km al sur, y nuestro primer y principal destino.
Al rato, casi sin enterarnos, nos vimos metidos en un Tata todoterreno en una carretera de un número indeterminado de carriles, sorteando camiones y rikshaws en un caos circulatorio muy sorprendente. Esto a las 3 de la madrugada. Cómo sería la circulación de día!
Los viajes de noche son extraños. Las luces tenues a ambos lados de la carretera -aldeas?-, interrumpidas por imponentes edificios hiperiluminados -empresas-, nuestra percepción bastante limitada después de bastantes horas de vuelo -Bilbao-Franckfurt-Bangalore-… en fin, la India de colores , ruidos y sabores podía esperar unas horas.
Karmelo, mi compañero de viaje, desempolvaba y ponía a prueba el inglés enlatado y on line que había podido digerir en las maratonianas jornadas de estudio de los últimos tres meses, y lograba, my good, poner algún ladrillo en la relación con nuestros circunspectos guías.
Nota necesaria: Karmelo y yo somos de la época del francés como única optativa en el bachiller. Es decir, ni una sola palabra en ingles. A unos meses del viaje a Anekal, hicimos un trato ventajosísimo para mí: yo organizaba el viaje y él aprendía inglés. Esto de aprender inglés por su cuenta y en tres meses parece una quimera… pero es que no le conocéis. En fin.

1.2.-Descripción de Anekal y Planificación de la visita con Anil


22 de Julio de 2.009

viajeAnekal es un municipio grande y rural. Con un centro -Anekal Taluk- urbano lleno de comercios, servicios, escuelas, motos y bicicletas, y un área rural con más de 300 aldeas -villages-. Las que hemos conocido, muy pobres. Es imposible hacerse una idea de las personas que puedes vivir allí. Según quien te daba la información, y todos con muchas dudas, los habitantes del centro podían oscilar entre los 30 y los 100.000; y los de todo el municipio, alrededor de 200.000.
En Anekal, en especial en sus villages, hay un porcentaje muy grande de “dalits”, de intocables. Y a pesar de las mejoras legales y reales que se están dando en determinados ámbitos de la India, los dalits de Anekal sufren todo eso que sabéis de la casta más baja y más despojada de sus derechos.
En Anekal, los jesuitas -nuestra “contraparte”- tienen un seminario y un centro de Desarrollo Integral, el CIRW, dedicado especialmente a la mejora de las condiciones de vida de los dalits. Nos gustaron especialmente sus proyectos de educación –posibilitar todo el currículo educativo a niños dalits de las aldeas- y colaboramos con ellos desde hace un tiempo.
Para Karmelo y para mí -otros compañeros de Taldeka, nuestra ongd, habían estado antes- era la primera visita. La primera a la India y la primera al lugar y a las personas a las que habíamos confiado una parte de nuestras posibilidades de cooperación. Queríamos ver, palpar, a las personas, los lugares, las situaciones que tanto nos interpelan.
Llegamos, así, a una hora indeterminada de la madrugada. La residencia-seminario es un edificio de varias plantas y con aspecto de residencia-seminario. Lograr que alguien se levantara a abrirnos y adjudicarnos -sin mucha ceremonia, todo hay que decirlo- unas habitaciones fue todo una. Quedaba alguna hora antes de amanecer y, de verdad, no quería más que acostarme.
Unas horas después oí la voz de Karmelo llamándome para descubrir en qué habitación estaba. Y bueno, medio dormido recibí de mi compañero mucha más información de la que podía digerir: que en la residencia hay muchos jesuitas jóvenes, que ha participado en la misa, que han desayunado en no sé qué edificio, que hemos quedado con Anil, el director del Cirw…. Y que, hala, espabilando.
Anil D’Mello, SJ, o sea, sacerdote jesuita, es el responsable de toda esta organización de Anekal. De la Residencia-Seminario, donde cursan cada año una veintena de jóvenes estudios universitarios de teología y conviven con algunos profesores, y del CIRW, el centro de desarrollo integral objetivo de nuestro viaje.
Mi primera impresión de Anil fue que, efectivamente, era el mismo individuo que con hechuras y vestimentas gandhianas nos había abierto la puerta y llevado a las habitaciones con más prisa que cortesía. La segunda que él era e iba a ser nuestra referencia durante los cinco día que pasáramos allí. En ese primer café con Anil también comprobé, no sé de qué me extraño, que Karmelo, con su ingles de lata, había tratado con Anil de muchísimas de las cosas que queríamos trasmitirle.
Nos hicimos una más o menos precisa planificación de las cosas que debíamos y podíamos ver durante nuestra estancia. Acorde con sus posibilidades -Baboo quedaba como chófer casi fíjo para nuestros traslados pero compatibilizando con sus labores para el Cirw- y con las prioridades que demandábamos: conocer los Hostels, las 4 residencias para niños y niñas dalits que nosotros apoyábamos. Empezábamos nuestras visitas.

1.3.-Visita a Basavanapura



 22 de julio de 2.009

Pincha en la foto para ver más fotos


Pinchando en la foto puedes ver a los niños/as del Hostel 

Conocimos el “hostel” de Basavanapura, la pequeña residencia que estábamos apoyando desde primeros de año, al atardecer de ese primer día. Está en una aldea pequeña, apenas una docena de casas y casi todas alineadas sobre las acequias de la calle-camino central.
El hostel es una casa como cualquier otra de la aldea; una estancia principal -50 m2- y un espacio anejo que reúne en pocos metros la cocina-despensa, el urinario y la habitación de los enseres de los niños:. Es decir, una bolsa o maleta por niño.

Estaba claro que nos esperaban. Posiblemente desde hacía horas. Se notaba revuelo, ensayos y un ir y venir de críos y adultos. La cosa es que como nos habíamos interesado por la escuela –pública-  a la que asistían los niños del hostel, nos volvimos a subir al coche y nos llevaron a una aldea vecina  a conocerla. Anochecía ya cuando visitamos la escuela –algunas aulas abiertas al aire-  y las viviendas de Laxmipura. Algo más poblada que Basavanapura, la disposición de las casas también sobre esa calle central y sus acequias abiertas de aguas estancadas. Conocimos la “casa del pueblo”, de gestión común y que, creemos, construye el CIRW en aquellas aldeas donde van consolidando una comunidad. Una casa para reunirse, un lugar donde cuidar unas vacas también comunales….
Ya en el hostel, Anil nos comentó que era su cumpleaños y suponía que los niños, además del recibimiento que nos dispensaban a nosotros, habían preparado algo para agasajarle a él. Nos recibieron con una pequeña ceremonia en el umbral. Las pequeñas llamas, los pétalos de flor, los pigmentos, líquidos o en polvo,  de color y olor… eran imprescindibles en las ceremonias que pudimos ver y disfrutar en los días siguientes.
Los niños y niñas del hostel nos esperaban sentados, absolutamente disciplinados y con la excitación de estar viviendo uno de esos escasos días especiales. Un día de celebración y fiesta. También una buena representación de mujeres y un impactante anciano braman. No penséis en grandes derroches. Algunos detalles de ornamentación colorista, mensajes  de recibimiento en la pizarra… y una sucesión de bailes, recitativos, entrega de regalos (a Anil) y lecturas de exaltación de Taldeka –la oenegé a la que pertenecemos- por su apoyo y financiación. Karmelo y yo no sabíamos dónde meternos. Tampoco sabíamos aún que estas ceremonias de agradecimiento, con toda su liturgia, las íbamos a vivir en tantas ocasiones como hostels visitáramos. Imaginaos estar apoyando la manutención, sólo la manutención, de unos 50 niños y niñas de entre 3 y 7 años, por un costo medio de niño/día de 35 céntimos de euro! Un pequeño esfuerzo para el puñado de socios-amigos de nuestra asociación que la aldea de Basavanapuna nos reconocía de tal manera…!que  apenas podíamos disimular el rubor! Es una desproporción;  y da mucho que pensar sobre los modos y los cauces de la cooperación.
Los niños, aquí y en La India, son niños. Cuando acabó la ceremonia y se quebró la disciplina, nos sumimos en un (hermoso) caos de niños, fotos, saludos… que no olvidaremos en mucho tiempo. Las mujeres  de la aldea  y las muchachas responsables del hostel (días después las reconocíamos como residentes del hostel de chicas) nos impresionaron. La elegancia natural, sus vestidos, saris, su emoción…
De vuelta ya, Anil nos explicaba que la experiencia del hostel rural, de este que habíamos conocido en Basavanapura, lo habían partido en dos. En el de hoy residían 25 niños y niñas. Y en Vabasandra, que lo visitaremos, otros 25. También que 15 de ellos son huérfanos de padre y de madre. Y que en ese bosque que nos acompañaba de vuelta a Anekal Taluk, viven elefantes en libertad. No sé si era verdad, pero yo me quedé enganchado a todo ello, a los niños que había conocido y a los elefantes que no puede ver.